por gerardo figueroa graziani*
Durante más 35 años en publicidad aprendí algo que muchos empresarios aún no entienden: En negocios donde el producto principal depende de la capacidad intelectual del personal para producir ideas, estrategias, planes, diseños o servicios, lo importante no son las horas trabajadas, sino la calidad de la energía mental utilizada.
Sin embargo, todavía existen empresas orgullosas de ver luces encendidas hasta bien entrada la noche.
- Confunden presencia con productividad.
- Cansancio con compromiso.
- Desgaste con resultados.
Sin duda alguna se trata de grupos liderados por gente que ignora que las grandes ideas rara vez nacen frente a una pantalla después de las seis de la tarde.
El proceso creativo, sugiero leer "una técnica para producir ideas" de James Webb Young, toma un tiempo y necesita de un espacio entre caminatas, lecturas, juego con los hijos, desayunos en calma, música y sexo relajado con la pareja.
Después de pasar el límite lo único que aumentan son los errores frutos del cansancio.
Por ello la primera regla que puse al fundar mi agencia fue simple: después de una jornada de trabajo razonable la hora de salida es obligatoria. Fui claro con todos: pago bien por sus horas de trabajo y por las de descanso.
Cuando protege la calidad de vida de su gente, protege la calidad y el valor de lo que ellos le entregan.
¿Quiere ganar más sin invertir más? Deje de destruir aquello por lo que ya paga: el talento.
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