Tropezar es parte de recorrer el camino
Por Gerardo Figueroa Graziani*
En un mundo en el que todo parece suceder cada vez más rápido, donde se nos exige avanzar, producir y alcanzar resultados cuanto antes, no es extraño que sintamos, más de una vez, el sabor del fracaso.
Vivimos en una sociedad que parece medir a las personas por sus logros. Esa presión termina convirtiendo cualquier error, retraso o dificultad en una aparente señal de que estamos fallando.
Un cambio de mirada
Si algo no sale como lo habíamos planeado, si el resultado no es el esperado o si el camino se vuelve más difícil de lo imaginado, eso no significa que estemos fracasando, y mucho menons que sea definitivo.
Necesitamos entrenarnos para comprender que aquello que incomoda, demora o nos obliga a cambiar de rumbo puede dejarnos algo más valioso que un resultado inmediato: aprendizaje, experiencia y una nueva perspectiva.
Es precisamente en las trabas, los problemas y los tropiezos donde se hacen visibles los límites que necesitamos reconocer, los errores que debemos corregir y las fortalezas que nos faltan desarrollar.
Todo proceso requiere tiempo para madurar, experiencias que necesitan ser vividas y lecciones que solo se comprenden después de haber atravesado la dificultad.
El riesgo de pensar en el fracaso
Cuando etiquetamos los obstáculos como experiencias negativas, dejamos de verlos como oportunidades de construcción y empezamos a interpretarlos como pruebas de incapacidad.
Entonces aparece el miedo.
La inseguridad crece.
Y comenzamos a dudar de nosotros mismos incluso antes de volver a intentarlo.
Tal vez el fracaso, tal como solemos entenderlo, sea en gran medida una idea alimentada por la urgencia de mostrar resultados inmediatos y por la constante comparación con los demás.
Crecer implica detenerse, equivocarse, cambiar de dirección y volver a empezar con una mirada distinta.
Porque avanzar no consiste en recorrer un camino sin caídas, sino en aprender de cada una de ellas. Al fin y al cabo, tropezar es señal de que te estás moviendo y nadie alcanza el éxito parado en el mismo lugar.